Historias de unas manos que se encontraron

Salía de aquel lugar donde estudiaba y se sumergió en la amistad que estaba apunto de volver a ver; su amigo.

Su amigo y él desconcertados por aquel reencuentro decidieron que tal amistad había que celebrarla en algún lugar, un lugar a primera vista inocente para él, sin percatarse de lo que podía ocurrir en los próximos minutos.

Inocencia convertida en un asustadizo recuerdo que percata este relato.

Se sentaron, hablaron de sus grandes historias, se dieron ese abrazo que hacía tanto que no se daban, hablaron de como el mundo seguía girando a pesar de querer pararlo un momento, sin duda un agradable ambiente, excitado aquel lugar con este reencuentro tan amistoso.

Y como si de una nota de un violín se tratase, alguien puso un acorde más en aquel pequeño reencuentro, como si la pieza que faltaba y que tanto se seguía echando de menos volvía a el.

Ella sola acompañada de su tristeza, mirándola aquellos ojos que todavía tienen impregnado su recuerdo.

El amigo y él siguieron su reencuentro, como si nada estuviese pasando, su amigo sin saber que pasaba y él agachando la cabeza totalmente inmutado aparentemente pero dentro de él; el revoloteo de siempre.

La despedida se acercó y él se quedó sólo leyendo aquel periódico de ese septiembre de 2010 como si esperase que ella se diese cuenta que estaban los dos en el mismo lugar.

El si lo sabía, el no sabía que ella también; que estaban allí juntos esperando algo de uno de los dos.

El sólo con su periódico, ella sola con su café.

No hacía falta verse para saber que estaban más cerca que en los últimos 10 meses han estado, porque estaba a punto de ocurrir.

Sus cabezas, sus corazones o lo que fuese sentían cuando uno de los dos estaba ahí, como aquella empatía innata que ocurría entre ellos cuando les ocurría algo a uno y el otro no estaba cerca pero sabía que algo le estaba ocurriendo a su mitad.

Un don dormido que se despertó en aquel lugar de reencuentros y que arrastró a ella de su café hasta su mesa. El no quería darse cuenta que se acercaba.

Sentados uno al lado del otro, no hizo falta decir ni hacer nada más ni hace falta contar más por la emotividad llorante que acompañaba aquel recuerdo.

Simplemente se dieron la mano y él suspiró.

No era real lo que vio ni tan siquiera fue un sueño; fue un sentir, un renacer dentro de él, un murmullo de sentimientos aflorando en un momento concreto de la noche…

Un recuerdo que no ocurrió pero lo despertó.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: