Diario de un chico que se fue

Estoy aquí, despertando con un nuevo olor, con una nueva sensación, como si hubiese nacido aquí sin haber nacido allí.

Es raro, es distinto, está hay, que todo esto se ha alimentando con ella.

El sol aquí no existe, las calles son más tristes que las que dejé por allí, las nubes dan de comer a los tejados, los sentimientos aquí son más fríos, las calles están rodeadas de lágrimas, aquí siempre el cielo está llorando, unas veces más otras menos pero siempre tiene algo que llorar.

La ciudad es mezquina, triste y dura, han pasado muchos años de historia de la que avergonzarse de verdad, se nota en la gente, en la mirada que no te dan.

Así es mi ciudad, la que no creí que nunca iba a estar aquí, formada por las ruinas de mi interior y las lágrimas de allí. Ciudad calmada donde las halla, donde tiempos de gloria dejaron pasar a días oscuros y tristes, llevándome a pensar que la ciudad me estaba esperando en cierta manera.

Huí para estar aquí, para estar lejos de ti, para dar velo a este entierro por fin.

Quería olvidar nuestras calles, reemplazarlas por otras, encontrarme con la fuerza suficiente de aceptar que ya no estarás jamás ahí, porque a veces aceptar las cosas como son es una cosa de locos.

Pero nadie debe preocuparse porque la gente que me atiende aquí, es dulce, da calor y me transmiten la sensación de haber perdido la parte triste de mi corazón que siempre estaba en mi ciudad natal.

La parte que ahora me deja dormir tranquilo.

La parte que oscurecía los días y me mandaba tristeza en las noches, a veces se ha ido de aquí, se fue, no sigue aquí.

Y es de verdad cuando ahora me encuentro con la suficiente fuerza de poder hablar de ti, de escribir de ti, de que el mundo entero sepa que en mi ciudad lejana te amé y te dije adiós huyendo de aquel parque, huída que me ha llevado hasta aquí, huída que iniciamos nosotros sin darnos cuenta.

Pienso que me estoy curando y como cada curación tiene sus altibajos, llegué y me sentí extraño, pasaron horas y deseaba otro gran abrazo de vosotros, pasaron días y encontré a gente en mi situación, pasarán meses y serán los nuevos que entren en mi mundo pero sólo pasarán segundos para darme cuenta de la importancia de aquellos besos, de aquellas sonrisas que he ido regalando a lo largo de mi pequeña y escurridiza vida. He aprendido a regalarla al primero que vea triste.

Este es mi nuevo lugar, lleno de melancolía y sustentación efímera, un sitio para olvidarte y para empezar una nueva vida.

Te llevaré dentro de mi.

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