El dictador de hechos

Te encuentras volando, con la emocionante sensación de ver todo por debajo tuya, tumbado sobre el cielo, disfrutando por momentos la caída, es la agradable sensación de estar cayendo siendo feliz por última vez, como si te arrebatasen la felicidad y aún así disfrutas.

Con una noche a tu espalda, ahí sigues volando, cerrando los puños como mejor sabes y colocándote en ese aire que te susurra violentamente, sabiendo que la caída está cerca.

Ahí sigues, viendo esa ciudad, esta vez desde arriba, pasando por tu mente mil y un recuerdos de los que están ahí bajando contigo, mientras caes, sabes que mirar atrás, en ese cielo que está a tu espaldas, es caer de otra manera y prefieres seguir cayendo de esa manera, de la única forma que sabes caer.

Es cuando te das cuentas que estás entre el cielo y la ciudad, un cielo oscuro por la noche, acomodado con la luna en aquella esquina y una ciudad llena de luces.

Y cuando crees que ya está todo perdido y que de esa sensación tan emocionante de volar se está acabando, sientes el cielo tan cercano de nuevo, alguien te coge de tu espalda apoyándose en tu vientre.

Te arrastra de nuevo hacia arriba, sorpresa que alguien también sepa volar como tú o por lo menos lo ha intentado.

Notas el mal, notas el miedo, la oscuridad cernida en tu corazón y en el suyo, sabes que está ahí porque tu corazón nota su miedo también.

Con un poco de valor en esa vuelta hacia arriba, decides mirar quien tienes atrás, porque sabes que algo te está haciendo subir de nuevo, en esa oscuridad que te acompaña y en esa ciudad brillante de ahí abajo y tu en medio de las dos.

Habiendo sido feliz tanto en el cielo como en la ciudad de abajo… Como una paradoja… no sabes donde realmente has estado pero si sabes que el que te sube no es alguien en quien confiar, porque notas, notas el mal, notas sus mentiras, sientes su mala vida y sus estropeados sentimientos.

Es el que te habla en cada momento sin palabras, el que te da miedo de seguir en el camino que sigues, por el que no entiendes que a veces estás feliz y a veces no quieres volver a amar.

Es un vida, un hecho, un mal consejo que te dijiste a ti mismo porque creías que era lo correcto, el que te hace recobrar la vida de sentido y el mismo te estropea todo. Lo creas tu, para caerte y volver a ese cielo oscuro o aquella ciudad brillante.

Es ese alguien que odias, el que parece dictar tu camino también, el que cuando estás en el cielo te sientes increíblemente fuerte y cuando te encuentras en la ciudad te hace sentir perdido, el que te hace caer del cielo y te recoge hablándote en un idioma que no entiendes, porque no hay palabras, no hay textos que hablen de él pero nos regala la sonrisa y la tristeza.

Como un dictador de hechos para hacerte crecer y madurar sin saber porqué, nos obliga a ser felices con hambre.

Es una lucha, una confusión extraña, el sentir, el aceptar que todo es así.

El a veces feliz y el a veces triste. El a veces ángel y a veces demonio.

 

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