El dibujo de los monigotes

Desde pequeños se nos enseña en una clase de preescolar unos dibujos en los que salen unos monigotes de diferentes colores: un negrito, un chinito, un europeo, un americano y otros varios. Todos ellos cogidos de las manos y con un gran mundo en el medio, que con el lema “Todos somos iguales” la profesora nos intenta decir eso: Independientemente de nuestro color, raza, cultura o religión somos iguales entre unos y otros.

La foto que veis arriba pertenece a un barrio de Cracovia, que está alrededor de 40 minutos del centro en tranvía. Es la última parada del tranvía 8, “borek fałęcki” se llama. Es un sitio donde nadie va, exceptuando la gente que vive allí. Con gente que nadie va me refiero a extranjeros y turistas. Y yo ¿Qué hacía allí?

Como veis es un lugar algo pobre, con sus tenderetes de comida, de gente humilde y que al fondo del todo están los edificios donde vive la gente, es un sitio donde no tiene cabida lugar nada el inglés. O hablas polaco allí o no te entienden (recuerdo que Cracovia, su corazón prácticamente se mueve en inglés). La cosa es que allí vive una amiga mía de aquí. Tuve una mañana libre y le dije aquello de: “Quiero que me enseñes la otra parte de Cracovia”. Ella, atónita con mi curiosidad, me dijo aquello de: “Esto no es España”, donde tenemos las calles tan cuidadas y que como mucho en los barrios bajos encontramos alguna que otra casa destartalada (sin ofender, claro está, a los que no son así). Sinceramente saqué mucho de aquella expresión.

Fue al bajarme de aquel tranvía cuando noté las miradas de la gente, yo era un extraño que había salido del corazón de Cracovia para adentrarme en la otra cara de su ciudad. Para ellos era algo raro. Estuve dando un paseo por los tenderetes, entre la gente de allí y la experiencia fue gratificante. La humildad de aquello me hizo recordar la imagen de la que hablo al principio. La de todos cogidos con una puta mano.

Yo cogí de la mano a mi amiga al recordar ese dibujo. Ella parecía que estaba avergonzada con lo que me estaba enseñando, me repetía “Esto no es España, esto es así, sueño con salir de aquí” y yo le respondía con un “Da igual, enserio, cada país tiene sus cosas buenas y malas, no es bueno ni malo: es diferente”. Experimenté cosas tan curiosas como las frases que les decía a mis amigos de “odio las calles empedradas de Córdoba” sobretodo, porque en este barrio ni siquiera estaban asfaltadas las calles, era todo barro y como halla nieve o lluvia… Mis Converse quedaron destruidas.

Estuve allí viendo estos tenderetes de comida, estuve allí viendo el paso de la gente, estuve allí viendo como los niños, sin playstation ni ipod, jugaban en una montaña de tierra creyendo ser superhéroes. Estuve allí experimentando la suerte que tenemos y como es la situación en Europa del Este, que con el frío infernal que hace nadie nos hacemos eco. Estuve allí viendo como una pareja, entre el frío que hacía, simplemente se repetían “Kocham się” (Te quiero) que a pesar de no ser una pareja modelo, por las vestimentas que vemos en lugares como Pull and Bear parecía que les daba igual, se estaban queriendo y estaban juntos en un barrio humilde. El amor podía con todo y el mundo nos mata con todo. Estuve allí creyendo que en España lo sabíamos todo. Estuve allí creyendo que en la tele o en el colegio nos enseñan todo pero es hasta que no lo ves, cuando te toca la fibra sensible, la fibra de tu humildad como persona, como ser orgánico que desea ser feliz, que desea buscar entre la gente a su alguien especial, a su doble, cuando el doble somos nosotros mismos si queremos. De aceptar que el mundo es diferente, quizás muy cruel, también un lugar horrible donde más que vivir aprendemos a sobrevivir con un dinero ficticio que nos llena y a la misma vez nos vacía.

Gracias a dios, me enseñaron a ser humilde a no reírme de estas cosas y sacar algo bueno, de quedarme con todo aquel barrio en el mejor de mis recuerdos, porque con este barrio se me pasó por la cabeza tirar todo aquello que realmente no necesito. Quizás es utópico, ¿pero no sería todo más fácil, queridos amigos, si nos ponemos de acuerdo y creamos un barrio en que estemos todos y simplemente nos conformemos con ser felices estando juntos?

Tras mis pasos por allí, hubo un hombre que nos paró, era familiar de mi amiga, me preguntó qué hacía aquí, yo, intenté mostrar mi cara más simpática aunque ella me tenía que traducir (mi polaco sigue siendo muy básico). De repente, ellos rieron, yo pregunté porqué, ella me dijo que mejor no, pero al final… “¿Te la vas a llevar a España?”  Eso es lo que dijo.

Serían mis ganas de ser superhéroe o algo, pero por un momento pensé en llevármela a ella y a su familia a España, sé que es loco, atrevido y demasiado demente pero lo que estaba viendo allí era tanta la humildad que les dije: “A veces, esto es mejor, sois humildes, vosotros veis España como un paraíso de playas, de gente alegre, flamenco, comida buena pero nos falta una cosa: estar unidos como país y ayudarnos”. Vosotros tenéis la base, una gran base que comparto con vosotros, ojalá en mi cabeza no resuene el eco de que quiero un coche o la última consola, simplemente vivir con lo que tengo y no ser infeliz por lo que no tengo.

Ese día, me enamoré de Polonia, un gran pueblo que nunca voy a olvidar, una hospitalidad increíble, una forma de hacer que muchos desearíamos, una forma de ser que necesitamos urgentemente.

Y como curiosidad, el primo chico de ella me enseñó ese dibujo del que os hablaba al principio y me preguntó ¿Quién de ellos eres tu?

Yo, le señalé el que estaba al lado de la bandera polaca. Y el monigote de color rosa, cogí sus colores y le pinté la bandera española, dándome igual si en España mi bandera significaba debate o guerra. Soy español y guardo a mi país con un gran querer.

Ojalá tuviese oportunidad ahora de volver a aquella clase de preescolar para levantar la mano y decirle a la profesora lo que aprendí ese día: “Más que ser iguales, deberíamos aprender a ser honestos con nosotros mismos. Y partir de ahí conocer la felicidad que te da el ayudar a otros que si la necesitan”.

Ojalá el mundo me conozca.

  1. Nec dice:

    Con estos escritos ya te vamos conociendo 🙂

    Una pequeña corrección, en el último párrafo pone “deberíamos a aprender” y sería “deberíamos aprender”.

    Saludos compañero escritor

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